El poder y penetración cultural de los celtas fue muy considerable. También
sus ritos, supersticiones, magias, hechiceros públicos y dioses. Eran portadores
de una civilización clánica, con príncipes locales apoyados
en sus clientelas. Estos jefes de clan estaban muy influidos por la clase sacerdotal
de los Druidas, curanderos y adivinos que representaban la única autoridad
supratribal, y que por medio de sus conjuros ejercían tal ascendencia sobre
las poderosas deidades, que éstas se veían obligadas a ejecutarlas
sumisamente, ya abajo en la tierra o arriba en los cielos. La teogonía
druídica, como todas las teogonías, era simple e irrefutable: todo
el universo está sujeto a los dioses, los dioses están obligados
a los conjuros, los conjuros a los Druidas, por ello, los Druidas son nuestros
dioses.
En sus fiestas pirofónicas y ritos ígnicos se veneraba el fuego.
Se encendían hogueras como encantamiento para asegurar un abundante abastecimiento
de rayos solares para hombres y animales, para mieses y frutas. Eran ritos de
purificación quemando y consumiendo los elementos nocivos, materiales o
espirituales que amenazan todo lo viviente con enfermedades y muerte. Para el
celta, la vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa. La muerte no era el
fin natural de la vida, sino una fase de un ciclo infinito. La fiesta de las ánimas,
víspera de todo lo sagrado, bajo un delgado velo cristiano, muestra la
antigua fiesta pagana de los muertos.
EL PODER SECRETO
Es la noche en que se cubren los espejos o se ponen vueltos contra la pared.
Se teme que las almas de los vivos, proyectadas fuera de las personas en forma
de reflejos, puedan ser llevadas por los espíritus malignos que se supone
rondan al acecho durante todo el año. Lo mismo que en la India o Grecia
antiguas, donde era una máxima no mirarse en el agua, porque consideraban
como presagio de muerte el que una persona soñase que estaba viéndose
reflejada en ella. Temían que los espíritus de las aguas pudieran
arrastrar la imagen reflejada de la persona o alma, dejándola así
"desalmada" y lista para morir. Tal fue el origen de la leyenda del
bello Narciso, que languideció y murió al ver su imagen reflejada
en la fuente.
Es la noche de los ritos y conjuros no escritos; profundos y religiosos, por mágicos.
Muchos campesinos en la Gascuña francesa todavía creen que el sacerdote
posee un poder irresistible y secreto sobre los elementos mediante la recitación
de ciertas oraciones que sólo él conoce y tiene derecho a pronunciar
en ocasión de peligro inminente, y puede detener o rechazar la acción
de las leyes eternas del mundo físico.
Es la noche de la misa de Tout le Sacré, tan sagrada y secreta que
solamente puede decirse en una iglesia en ruinas o abandonada, donde los búhos
dormitan y ululan, donde los murciélagos se remueven y revolotean en el
crepúsculo, donde los perseguidos acampan por la noche, y donde los sapos
se agazapan bajo el altar profanado. Allí llega el sacerdote, inducido
por sus fanáticos feligreses, y a la primera campanada de las once comienza
a farfullar la misa al revés, desde el final hasta el principio, y termina
exactamente cuando los relojes están tocando media noche. Hace el signo
de la cruz, pero sobre la tierra y con el pie izquierdo. Y hace otras muchas cosas
que ningún buen cristiano podría mirar sin quedarse ciego, sordo
y mudo para el resto de su vida.
Es la noche cervantina, en su postrera dedicatoria del Pérsiles al Conde
de Lemos:
"... Puesto ya el pie en el estribo / con las ansias de la muerte / gran
señor, ésta te escribo:
El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo ésto,
llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir..."
VÍSPERA DE TODO Y DE TODOS
Es la noche de la víspera de todo y de todos: de la nada en la caducidad,
mortalidad, decadencia, sentimiento contrabalanceador, y de contraste frente a
los sentimientos de grandeza. De la nada en la majestad, seguridad, despotismo
magnificiente y evaporación de pasiones descomunales, azares divinos, asistencias
y promesas sobrehumanas, enemigos celestiales, descendientes remotos o próximos.
Es la noche de los sentimientos mudos y olvidados. De la sucesión que regresa.
De Calderón, en el sueño de la vida:
"... pues ¿ tan parecidas / A los sueños son las glorias
/ Que las verdades son / Tenidas por mentirosas / y las fingidas por ciertas?..."
Es la víspera del principio y fin de los dogmas, teosofías,
teogonías, teomanías, logomaquias, ideologías, idolopeyas,
ocultismos, magias y leyendas, reglas no escritas, iconolatrías, teúrgias
y otros endriagos, y otros dioses y monstruos fabulosos. De las jergas y estériles
metafísicas, de las retóricas corrompidas que nada explican y desacreditan
la verdad, reduciéndola a conjuros rituales, sin forma sin fruto y falsos.
Es la noche de los... bienaventurados. De los opios de los pueblos; de las hogueras
de purificación del Santo Oficio; del Index Librorum Prohibitorum;
de la Divina Potencia.
Es la noche de Dante, que, en su poema, celebra la derrota de la inteligencia,
y advierte:
"... el hombre es un gusano que puede esperar sólo en la misericordia
divina: ¡Estad contentas humanas gentes! ..."
Y, sobre todo, es la noche donde los sentimientos tienen que oscilar y moverse
entre el terror por lo tremebundo, extremo superior, y la conmiseración
por la miseria, extremo inferior.
Es la noche de la víspera de todo... lo sagrado.
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