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En la noche de la víspera
de Todo lo Sagrado

No son sólo las ánimas de los difuntos las que se supone revolotean invisibles el día en que el otoño cede el empalidecido año al invierno. Las brujas también aumentan sus errabundeos dañinos, unas volando por el aire montadas en sus escobas, otras golpeando por los caminos sobre gatas que al anochecer se transforman en caballos negros. También andan sueltas todas las hadas y los duendes de todas clases vagan libremente. Es noche de conjuros, ritos y aquelarres; de conciliábulos nocturnos en los pueblos milenarios de Europa.

Lúgubre noche otoñal en que las hojas caen incesantemente, y el viento crudo silba por entre el ondulante ramaje y parece cantar un responso, susurrando la Oda de Horacio:

"... La pálida Muerte golpea con igual pie las chozas de los pobres y las torres de los reyes"

Halloween, es la forma moderna del inglés, derivada del antiguo dialecto gaélico: All-hallow Even, Víspera de Todo lo Sagrado, y se remonta a nuestros antepasados paganos de los pueblos celtas. Y no sólo éstos, sino en toda Europa, la víspera de todo lo sagrado señala la transición del otoño al invierno, el antiguo momento del año en el que se supone que las almas de los difuntos volvían a sus antiguos hogares para calentarse en el fuego y confortarse con la buena acogida que se les hacía en la cocina o en la sala, por sus parientes y seres queridos.

Era, sin duda, un pensamiento natural que, al aproximarse el invierno, los espíritus ateridos y hambrientos abandonasen los campos desnudos y las deshojadas arboledas buscando el abrigo de la cabaña de su hogar familiar.
Ritos y conjuros


El poder y penetración cultural de los celtas fue muy considerable. También sus ritos, supersticiones, magias, hechiceros públicos y dioses. Eran portadores de una civilización clánica, con príncipes locales apoyados en sus clientelas. Estos jefes de clan estaban muy influidos por la clase sacerdotal de los Druidas, curanderos y adivinos que representaban la única autoridad supratribal, y que por medio de sus conjuros ejercían tal ascendencia sobre las poderosas deidades, que éstas se veían obligadas a ejecutarlas sumisamente, ya abajo en la tierra o arriba en los cielos. La teogonía druídica, como todas las teogonías, era simple e irrefutable: todo el universo está sujeto a los dioses, los dioses están obligados a los conjuros, los conjuros a los Druidas, por ello, los Druidas son nuestros dioses.

En sus fiestas pirofónicas y ritos ígnicos se veneraba el fuego. Se encendían hogueras como encantamiento para asegurar un abundante abastecimiento de rayos solares para hombres y animales, para mieses y frutas. Eran ritos de purificación quemando y consumiendo los elementos nocivos, materiales o espirituales que amenazan todo lo viviente con enfermedades y muerte. Para el celta, la vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa. La muerte no era el fin natural de la vida, sino una fase de un ciclo infinito. La fiesta de las ánimas, víspera de todo lo sagrado, bajo un delgado velo cristiano, muestra la antigua fiesta pagana de los muertos.

EL PODER SECRETO

Es la noche en que se cubren los espejos o se ponen vueltos contra la pared. Se teme que las almas de los vivos, proyectadas fuera de las personas en forma de reflejos, puedan ser llevadas por los espíritus malignos que se supone rondan al acecho durante todo el año. Lo mismo que en la India o Grecia antiguas, donde era una máxima no mirarse en el agua, porque consideraban como presagio de muerte el que una persona soñase que estaba viéndose reflejada en ella. Temían que los espíritus de las aguas pudieran arrastrar la imagen reflejada de la persona o alma, dejándola así "desalmada" y lista para morir. Tal fue el origen de la leyenda del bello Narciso, que languideció y murió al ver su imagen reflejada en la fuente.

Es la noche de los ritos y conjuros no escritos; profundos y religiosos, por mágicos. Muchos campesinos en la Gascuña francesa todavía creen que el sacerdote posee un poder irresistible y secreto sobre los elementos mediante la recitación de ciertas oraciones que sólo él conoce y tiene derecho a pronunciar en ocasión de peligro inminente, y puede detener o rechazar la acción de las leyes eternas del mundo físico.

Es la noche de la misa de Tout le Sacré, tan sagrada y secreta que solamente puede decirse en una iglesia en ruinas o abandonada, donde los búhos dormitan y ululan, donde los murciélagos se remueven y revolotean en el crepúsculo, donde los perseguidos acampan por la noche, y donde los sapos se agazapan bajo el altar profanado. Allí llega el sacerdote, inducido por sus fanáticos feligreses, y a la primera campanada de las once comienza a farfullar la misa al revés, desde el final hasta el principio, y termina exactamente cuando los relojes están tocando media noche. Hace el signo de la cruz, pero sobre la tierra y con el pie izquierdo. Y hace otras muchas cosas que ningún buen cristiano podría mirar sin quedarse ciego, sordo y mudo para el resto de su vida.

Es la noche cervantina, en su postrera dedicatoria del Pérsiles al Conde de Lemos:

"... Puesto ya el pie en el estribo / con las ansias de la muerte / gran señor, ésta te escribo:
El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo ésto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir..."

VÍSPERA DE TODO Y DE TODOS

Es la noche de la víspera de todo y de todos: de la nada en la caducidad, mortalidad, decadencia, sentimiento contrabalanceador, y de contraste frente a los sentimientos de grandeza. De la nada en la majestad, seguridad, despotismo magnificiente y evaporación de pasiones descomunales, azares divinos, asistencias y promesas sobrehumanas, enemigos celestiales, descendientes remotos o próximos. Es la noche de los sentimientos mudos y olvidados. De la sucesión que regresa. De Calderón, en el sueño de la vida:

"... pues ¿ tan parecidas / A los sueños son las glorias / Que las verdades son / Tenidas por mentirosas / y las fingidas por ciertas?..."

Es la víspera del principio y fin de los dogmas, teosofías, teogonías, teomanías, logomaquias, ideologías, idolopeyas, ocultismos, magias y leyendas, reglas no escritas, iconolatrías, teúrgias y otros endriagos, y otros dioses y monstruos fabulosos. De las jergas y estériles metafísicas, de las retóricas corrompidas que nada explican y desacreditan la verdad, reduciéndola a conjuros rituales, sin forma sin fruto y falsos. Es la noche de los... bienaventurados. De los opios de los pueblos; de las hogueras de purificación del Santo Oficio; del Index Librorum Prohibitorum; de la Divina Potencia.

Es la noche de Dante, que, en su poema, celebra la derrota de la inteligencia, y advierte:

"... el hombre es un gusano que puede esperar sólo en la misericordia divina: ¡Estad contentas humanas gentes! ..."

Y, sobre todo, es la noche donde los sentimientos tienen que oscilar y moverse entre el terror por lo tremebundo, extremo superior, y la conmiseración por la miseria, extremo inferior.

Es la noche de la víspera de todo... lo sagrado.



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