
"El movimiento de una simple ala de mariposa en China, hoy produce
un diminuto cambio en el estado de la atmósfera. Después de un cierto
período de tiempo, el comportamiento de la atmósfera diverge del
que debería haber tenido. Así que, en el período de un mes,
un tornado que habría devastado la costa de América no se forma.
O quizás, uno que no se iba a formar, se forma."
–Edward Lorenz |
"...Usted cree en un Dios que juega a los dados,
y yo en la ley y el orden absolutos..." —Albert Einstein,
carta a Max Born
Desde que los griegos clásicos la descubrieron, una inquietante antinomia
salta ante los ojos de quienes quieren entender el mundo: en las cosas hay algo
que permanece, que es, y algo que cambia, que está llegando a ser. Este
enfrentamiento entre el ser y el devenir, base de las doctrinas antagónicas
de Parménides (515 a. 475 a.C.) y Heráclito (540 a 480 a.C.), es
tan sugeridor que fue precisamente el intento de un compromiso lo que llevó
a Leucipo (460 a 370 a. C.) y Demócrito a la idea del átomo, quizá
la más importante del pensamiento científico. |
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Si las cosas están hechas de pequeñas partículas indivisibles
e indestructibles, hay algo en ellas que permanece, mientras que sus innumerables
colisiones introducen lo aleatorio e impredictible, es decir, el azar, en una
a modo de complejísima partida de billar.
Sabemos hoy que, en la generalidad de los sistemas dinámicos, incluso los
que siguen el paradigma newtoniano, hay, junto con otras regulares, trayectorias
de una gran complejidad, alrededor de las cuales los errores crecen de una manera
violenta e incontrolable. Como es imposible conocer el estado actual con error
nulo, lo que es decir con precisión infinita, ocurre que, al cabo de cierto
tiempo, el error puede llegar a ser tan grande que toda predicción carezca
de sentido.
Como los sistemas dinámicos tienen, a la vez, comportamientos regulares
y caóticos, la nueva visión que emerge hoy es la de un mundo probabilista
en la que se imbrican y entreveran cadenas causales deterministas que terminan
cuando se destruye totalmente la cantidad de información sobre el estado
inicial. Por eso estamos condenados a ver el mundo a través de una ventana
temporal. De este modo, orden y Caos, determinismo y probabilidades se juntan
y complementan en un mundo que resulta así más complejo y rico que
la visión fría del mecanicismo y cuyo comportamiento se sigue de
la acción íntimamente próxima de azar y necesidad, como ya
comprendió Demócrito.
CAOS = ORDEN ABSOLUTO... ¿ANTONIMIA O REALIDAD?
El ciclo ha dado una vuelta completa, pero a nivel superior. Estamos empezando
a descubrir que sistemas que obedecen leyes inmutables y precisas no siempre actúan
de manera predecible. Leyes deterministas pueden producir comportamientos que
parecen aleatorios.
El orden puede engendrar su propio tipo de Caos.
Se trata de un descubrimiento espectacular cuyas implicaciones aún no han
producido todo su impacto en nuestro pensamiento científico. Los conceptos
de predicción o de repetibilidad de un experimento adquieren nuevos aspectos
cuando se 0analizan desde la óptica del caos. Lo que creíamos que
era simple se convierte en complicado, y surgen nuevas y perturbadoras cuestiones
relativas a la medida, la predictibilidad y la verificación o refutación
de las teorías.
En contrapartida, lo que se creía que era complicado puede volverse sencillo.
Fenómenos que parecen faltos de una estructura y aleatorios pueden, de
hecho, obedecer leyes simples. El caos determinista posee sus propias leyes e
inspira nuevas técnicas experimentales. Las irregularidades son abundantes
en la naturaleza y algunas de ellas podrían ser manifestaciones físicas
de la matemática del Caos.
Así, el flujo turbulento de un fluido, las inversiones del campo magnético
terrestre, las irregularidades de los latidos del corazón, las formas de
convección de helio líquido, los giros desordenados de cuerpos celestes,
las franjas vacías en el anillo de asteroides, el crecimiento en las poblaciones
de insectos, el goteo de un grifo, la evolución de una reacción
química, el metabolismo de las células, los cambios meteorológicos,
la propagación de los impulsos nerviosos, las oscilaciones de los circuitos
electrónicos, el movimiento de un barco amarrado a una boya, el rebote
de una bola de billar, las colisiones de los átomos de un gas, la incertidumbre
subyacente de la mecánica cuántica, las formas alveolares de los
pulmones, las ramificaciones neuronales, nuestras improvisadas decisiones derivadas
de un cerebro fractalizado y... caótico.
Se trata de un nuevo mundo, un descubrimiento fundamental en la comprensión
de las irregularidades de la naturaleza.
Estamos siendo testigos de su nacimiento. Su futuro aún se tiene que revelar. |
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